Empieza un nuevo día, con muchas ganas y permitiéndonos fluir. Sin prisas, exigencias ni expectativas, simplemente siendo nosotros y dejándonos llevar por lo que nos apetece.
Así que decidimos tener un día más tranquilo.
Mis pies tampoco daban para mucho, y planeamos pasear relajados, disfrutar del entorno y de nuestra mutua compañía.
El calor, aunque aún agobiante, daba paso a un aire un poco más amable que hacía que fuera más llevadero.
Visitamos el Parque del Retiro, ¡efervescente de gente! grupos de ciclistas, grupos disfrutando de mascotas, grupos jugando a encontrar “la pista”, niños, aventureros subidos en barcazas, otros haciéndose retratos, o deleitándose de la música que ofrecían artistas callejeros, y otros, cómo yo, absorbiendo todo y reteniéndolo en mis retinas y en mi mente.
Terminamos yendo, dentro del mismo parque, a la Feria del Libro, donde muchos escritores brindaban su autógrafo a aquellos que estaban dispuestos a hacer las largas colas hasta llegar a ellos.
Recorrimos todos los puestos, paramos en algunos de ellos, en los que había un olvidado espacio sin ser ocupado por alguien y disfrutamos del bullicio y los comentarios que nos rodeaban.
Finalmente, paramos en el césped, donde también los visitantes hacían sus picnics, leían libros, jugaban o descansaban. Y al grupo de estos últimos nos unimos.
Zapatos fuera, sentir el fresco del césped y llenarme de paz y sensaciones, esa fue mi elección hasta tomar la siguiente decisión de cómo seguir el día.
Y no tuvo desperdicio, lo aseguro …
