Reconozco que soy más de vida tranquila, las grandes urbes, con tanto bullicio, ir y venir de gente, tráfico y sonidos estridentes está bien para un rato, pero no me atrae especialmente.
Aunque, evidentemente, ofrecen muchas más opciones que una ciudad pequeña.
Y, desde luego, aprovechamos lo que nos ofrecía en la medida que nos apetecía.
Salimos del Retiro con el acuerdo mutuo de comer algo rico e irnos a descansar para la salida que teníamos organizada para la noche.
Gracias a los avances tecnológicos, a través del móvil localizamos un restaurante italiano, con muy buena valoración, con la suerte de poder reservarlo en ese momento para hacer efectiva su ocupación en un plazo de 10 minutos, y en ese plazo de tiempo llegamos ya que nos encontrábamos casi al lado.
Riquísima la comida e inmejorable el trato de quienes nos atendieron.
Una vez terminamos, tomamos rumbo a nuestra residencia y descansamos plácidamente hasta que sonó la alarma que indicaba que era hora de arreglarse para nuestra cita de la noche… ¡cuánto deseaba ese momento!
En mi siguiente entrada te lo cuento.
