El corazón te late deprisa y tú cabeza va a mil, sin embargo, te sientes pesada, sin fuerza, sin ánimo.
Lo que te gustaba ya no te gusta tanto, y lo que no, te parece ahora distinto, es como si hubiera otra tú dentro de ti.
Respiras fuerte, azotas hacia los lados la cabeza, como si quisieras despertar de un sopor invencible, un sueño pesado… pero la angustia y la sensación de vacío siguen ahí.
Y es un día cualquiera que sigues caminando, sin prisa, sin sonrisa ni alegría, cómo si estuvieras llevando una carga muy grande, que no es más que el vacío que sientes que envuelve todo…
Te vuelves arisca, te sientes nerviosa, te asfixia hasta el aire que respiras.
No te fijas en lo que te rodea, no oyes el trino de los pájaros, ni ves el cielo azul, ni sientes la brisa en la cara.
Y empiezas a pensar ¿Qué me pasa?
Continuará…

