Buscando sentido

Muchos de nosotros, en algún momento de nuestras vidas, perdemos el rumbo, nos desestabilizamos, e intentamos buscar una explicación a lo que nos pasa.

Nos vemos inmersos en situaciones que no comprendemos, que no hemos buscado, y empezamos a hacernos preguntas, muchas veces equivocadas de ¿por qué me pasa a mí esto? ¿qué he hecho mal? ¿qué me sucede?

Recuerdo, hace unos 17 años, que un otorrino, así de golpe y porrazo, me dijo que me estaba quedando sorda, y que no tenía solución. Sería un proceso paulatino, sobrevenido por cambios hormonales y no se podía hacer nada más que revisiones cada cierto tiempo para ver cómo iba evolucionando.

Aunque al principio la noticia me sentó como un jarro de agua fría, terminé por aceptarla, no me quedaba otra, aunque supongo que de ser de otra manera, tal vez me hubiera derrumbado, y a día de hoy seguiría lamentándome por mi pérdida auditiva.

Me di cuenta que buscarle un sentido al por qué me pasaba aquello, no tenía sentido, valga la redundancia. Sucedió, no estoy libre de problemas, inconvenientes o piedras en el camino, no lo está nadie ¿por qué iba yo a ser mejor que el resto de los mortales?

Nos empeñamos en buscarle un sentido a lo que nos sucede y, no nos damos cuenta que, en esa busqueda, nos desgastamos a nosotros y a los que nos rodean. Entramos en bucle, con pensamientos repetitivos y angustiosos que minan nuestra energía y alegría y no nos deja ver, ni valorar, lo que sí tenemos y merece la pena prestarle atención.

Todo pasa por la aceptación. Ante una situación, o un acontecimiento, que no tenga una solución que esté en nuestra mano poder reparar, lo que hay que hacer es acogerla y vivir con ello de la mejor manera posible.

Me dirás ¡qué fácil decirlo! y, si te paras a pensar un poco, es que es así de fácil.

¿No aprendes a vivir con la certeza de que vas a morir?, al fin y al cabo la muerte es «un problema irresoluble» del que muy pronto tenemos conocimiento. Nos duele pensarlo, sobre todo la de nuestros seres queridos, ¡si! y mucho, pero no desgastamos nuestras vidas buscándole un sentido, lo sabemos como algo cierto, gestionamos el pesar que nos produce, lo aceptamos y seguimos hacia adelante.

Si hay algo que tenga solución, busca opciones para ello y ponte en marcha.

Si no tiene solución, acéptalo y sigue adelante.

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